28 de febrero de 2015

El tiempo no espera


El reloj se detiene. Y aunque el sonido cesa, el eco se extiende por la habitación como una falsa sensación de continuidad, y las agujas ya no se mueven, viéndose paradas en el mismo instante en el que ahora la eternidad se expande.
¿Pero qué es un reloj estropeado en comparación con el tiempo?
Nada.
Somos como hormigas para el tiempo. Fuertes. Admirables. Poderosas. Pero nada más que hormigas. No podemos suscitar ni su sospecha ni su miedo porque quizá una caída de diez metros no baste para matarnos, pero una simple pisada suya puede acabar con nosotras.
El tiempo sigue su curso, y cuando se ve amenazado,
(porque no quiere perder)
(porque no quiere que ganemos)
(porque solo quiere avanzar
lejos,
lejos
y lejos), obliga al curso a ir más rápido. Obliga al curso a dejarnos atrás.
Y gracias a ese maldito reloj roto me he dado cuenta de una verdad clara y devastadora en la que habría tenido que reparar años atrás.

El tiempo no se detendrá ante tus excusas
ni te ofrecerá redención por tus errores.

Al tiempo no le importará cuando caigas,
si no que esperará a que te levantes.
(O no se molestará en mirarte mientras te arrastre por el suelo.)
  
El tiempo es demasiado grande
y nosotros somos demasiado pequeños en comparación:
demasiado débiles para ser sus contrincantes,
y demasiado orgullosos para admitirlo.

SUNSHINE.

2 comentarios:

  1. No tengo palabras. Es precioso, de verdad. Sigue así y no dejes de escribir, siempre vas a tener una lectora leyéndote.
    Un beso preciosa <3

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Muchas gracias! No sabes la ilusión que me hace que digas eso.
      Muchos besos a ti también <33

      Eliminar